Saira, un pueblo de casas bajas

Córdoba Saira

por Tatana Gimbatti, Stella Maris Pittilini Nansi Rovira y Alicia Striglio

 

A 32º 24’ 28” de Latitud Sur y 62º 6’ 11” de Longitud Oeste se encuentra un típico pueblo rural: SAIRA que ocupa una superficie total de 0,35 km2 en el radio urbano, con un área de influencia de 1,015 km2.

 

Las callecitas de Saira

Cuando se llega a Saira, abre sus puertas “la pirámide” saludando con su blanca sonrisa a los que ingresan al generoso espacio de sus calles, opuesto al tráfico que las recorre. Mientras a unas el progreso las cubrió de gris, las otras permanecen emanando voces del pasado, permitiendo al paso del regador o, después de una lluvia, aspirar el refrescante olor de la tierra mojada.

Un palenque, único testigo de que otrora la transitaron carros, caballos y sulkys, mira desde su añeja inmovilidad a las ufanas camionetas, añorando las rudas caricias de las riendas.
Registran sus calles las pisadas diarias de mamás y abuelas cargadas con sus bolsas de compras, la recorren niños en bicicleta, libres como el viento; a veces se transforman en improvisadas canchitas, la invaden en enero el rumor de las motos avisando del regreso de los estudiantes y tiemblan por las noches con el paso de los trenes por el norte y el rugir de los camiones por el sur.
A todas las bordean jóvenes siempreverdes, vetustos olmos y plátanos, singulares acacias, robustos robles, alegres jacarandás cuyo celeste juega con el amarillo de los aromos y el rosa de los crespones, mientras los sauces se acarician con los pinos que extienden sus brazos desde el interior de alguna vivienda, en ellos moran pájaros de especies tan disímiles como los trinos que regalan.

Saira es un pueblo de casas bajas. ¡Hay tanto espacio libre! Muy pocas conservan sus fachadas originales. Despojadas de su historia comparten su destino estático con las jóvenes, alegradas en su frente por un arco iris de pétalos, visitados en primavera por mariposas, colibríes y abejas.
Cada edificio público guarda una historia de unión de voluntades, entusiasmos, desvelos y hasta audacias de los sairenses.

 

¿Cómo y cuándo nace Saira?

Saira nace de la tierra fértil, llana, revestida de pastos tiernos, salpicada de primavera, iluminada por el sol tibio, dichosa con el canto de los pájaros libres, esa tierra en la que los ojos alcanzan el horizonte cuando se confunden con el cielo.
Nace acompañando orgullosamente la llegada constructiva, innovadora e importante del progreso, materializado en una enorme, humeante y ruidosa mole negra que en 1911 hizo temblar este rinconcito del sudeste cordobés, dando por finalizados los trabajos de la cuadrilla comandada por el capataz Juan Díaz y abriendo paso al recorrido del Ferrocarril Central Argentino.

Tendido de línea del ferrocarril

Historia documentada

En su libro El tren, Norma Cavigliasso registró los siguientes datos: “El 10 de mayo de 1911 fue abierta al público la sección Bouquet- Noetinger.
La resolución del 16 de junio de 1911 determinó la designación de Saira a la estación ubicada en el Km 51,421.
Con la nacionalización del FC en 1947, las líneas recibieron el nombre de nuestros próceres, siendo la nuestra FERROCARRIL CENTRAL GENERAL BARTOLOMÉ MITRE.

El último tren de pasajeros que pasó el 23 de abril de 1977 con destino a Villa María fue el Nro.1097. El 25 de abril de 1977 hizo su último recorrido el tren de pasajeros Nro. 1098 con rumbo a Rosario. Los trenes cargueros siguen pasando”.

 

¿Por qué Saira?

La llegada del ferrocarril marca el nacimiento oficial del pueblo, que comenzó a llamarse Pueblo
Verón, Estación Saira, porque fue Don Miguel Verón quien cedió parte del terreno de su establecimiento para el emplazamiento del pueblo.
Se demarcaron treinta manzanas de las cuales donó dos, una para que se instale la Escuela Primaria, ese deseo se cumplió. La otra para la plaza y comprobando que no había interés en realizar esa obra, entonces la loteó. Uno de sus compradores fue don Julio Iztegui.

Don Pedro Nolasco Arias cedió parte del terreno de su estancia San Antonio de Magallanes para el trazado de las vías férreas.
Su bisnieto Carlos Arias nos cuenta “El nombre de Estación Saira surge al invertir el apellido Arias, debido a que existe otra población que se llama Arias en el departamento Marcos Juárez, de la provincia de Córdoba. Mi bisabuelo en el año 1911 dejó de ser Presidente del Ferrocarril Central Argentino y en homenaje a su actuación como abogado y luego Director del mismo, la Compañía le impuso su apellido a la Estación, con la salvedad de invertirlo por lo antes dicho. También mi bisabuelo tenía una hija que se llamaba Saira”

 

 

Con el paso del tiempo se popularizó Saira.

Resulta oportuno recordar que este espacio de treinta manzanas, en sus orígenes fue un caserío, al que se denominaba “El Yacaré” en el que residían los adelantados. Con el correr del tiempo fueron llegando gauchos y gringos guapos, provenientes estos últimos de distintos lugares de Europa como Italia, Alemania, España, Croacia, acompañados en su mayoría de valientes y abnegadas compañeras de cuyos vientres nacieron los primeros sairenses.
Cabe destacar que el pueblo estaba rodeado de estancias importantes como Magallanes, Los Manantiales, La Iberia, La Fortuna, Los Molles, Don Devoto. Desde las mismas, la peonada comenzó a concentrar sus actividades en el pueblo creando demanda de bienes y servicios. Así es como este grupo de personas heterogéneo, pero con un objetivo común, con su trabajo fecundo, desinteresado y su espíritu grande fue moldeando la identidad del pueblo.

 

Recuerdos de sairenses memoriosos

En la construcción del ferrocarril trabajaron Don José y Don Juan Jordán. En 1911 una empresa de capitales privados, ingleses, construyó dos galpones para almacenar cereales, uno de ellos era propiedad exclusiva del Sr. Araya, dueño de la Estancia La Fortuna.
Los trenes eran a vapor, funcionaban con carbón de piedra y“paraban a tomar agua”en el tanque, ubicado cerca de la estación. Hoy se encuentra semidestruido.

 

Don Julio Iztegui

En el viaje inaugural del tren Las Rosas-Saira viajaron Doña Josefa Leunda de Iztegui acompañada de su pequeña hija Faustina, esposa e hija de Don Julio Iztegui respectivamente, quien fue el Primer Intendente Municipal, cargo que desempeñó ad-honorem.
Donó una manzana de su propiedad para hacer la plaza del pueblo. Nunca se hizo. Dos oportunidades tuvieron los sairenses de esa época de tener una plaza, se la brindó primero Verón y luego Iztegui, pero no sabemos las razones por la que no se llevó a cabo. Don Julio fue además el primer peluquero que ejerció su profesión en Saira, fue quien instaló el primer bar en el que además funcionó la primera Estafeta Postal. También fundó el primer Criadero y curtiembre de nutrias.

Cada sábado era una tarde de fiesta en el pueblo ¡llegaba el tren proveniente de Rosario! Los sairenses, en especial los jóvenes, se engalanaban y concurrían a la Estación para participar del movimiento y la expectativa que generaba este hecho.  ¡Una particular vuelta al perro!

 

 

En el andén había un banco de madera para los pasajeros que se desocupaba apenas arribaba el tren, pero maravillaba ver como pocos minutos después, ese banco oscuro, largo, vacío cobraba vida transformándose en el Kiosco de diarios y revistas “El catalán”.
Para los sairenses significaba el contacto con el mundo; era muy importante, aunque sólo estuviera armado por poco más de media hora. Su dueño fue el Sr. Jesús Fernández (El Fino), empezó con su trabajo en 1929 y luego hacía el reparto casa por casa.
Un dato curioso es que nadie osaba tocar lo expuesto. Sólo de Vinko, el maestro del pueblo, el Fino aceptaba ayuda para agilizar esa ávida demanda de información.
Otro dato es que ese día llegaban los diarios del jueves, viernes y sábado, ¡Todos juntos!
Un señor llamado Paco es al que se recuerda como el Primer canillita, pero el más popular fue el Fino.

 

Desfile cincuentenario de Saira

 

La llegada del tren permitió un amplio intercambio con la ciudad; en él arribaban desde un par de zapatos elegido por catálogo, hasta piezas muy pesadas empleadas para la construcción.
Desde aquí partía, en los trenes cargueros, cereal hacia el puerto de Rosario.
Gracias a este medio de transporte, don Manuel Arrarte Silva pudo construir la primer usina eléctrica entre 1929 y 1931. Así fue como los habitantes de Saira mejoraron su calidad de vida accediendo a la “corriente continua”. Esta usina funcionaba diariamente de 8 a 12 y de 15 a 24. Este ritmo se mantuvo hasta 1973.

También en tren llegaban materiales para la construcción de viviendas. La arquitectura de la época se encontraba marcada entre dos estilos: uno el de las casas tipo chorizo que consisten en un patio lateral al que dan las habitaciones, que están en hilera y conectadas entre sí. Los ambientes están unidos uno tras otros como los chorizos de una ristra. El otro el de las casas amplias, bien diseñadas, con enormes patios y hermosos jardines. Las primeras desaparecieron, de las segundas sólo se conservan unas pocas.
Un edificio emblemático, nacido casi con el pueblo, por su tamaño, ubicación y por el servicio que brindaba fue el Hotel Torino de don Mario y doña Laurina Raviolo. Hoy sobre ese terreno existe un hermoso parque de la familia.

Pegadito al mismo, Don Francisco Raviolo fundó la panadería “Las colonias”. Cabe destacar que esta empresa familiar, en la actualidad, sigue funcionando en el local de sus inicios, atendida por
la segunda y tercera generación de la familia, siendo el negocio que más ha perdurado en la historia de Saira.
Entre los comercios de Ramos Generales podemos mencionar a Casa Los Vascos SRL, donde existía una Corresponsalía del Banco de la Nación Argentina. Otro fue Velasco Hnos. propietario de La Numantina, cuyo edificio se conserva.
Un clásico de la época era el cine Bar Splendid, en los meses de verano funcionaba al aire libre, el público se ubicaba en sillas colocadas alrededor de mesas, en una amplia pista, así mientras miraba la cinta, podía disfrutar de una refrescante bebida.

 

INSTITUCIONES

Escuela Primaria Domingo Faustino Sarmiento En el año 1917 la escuela comenzó a funcionar en una casa particular propiedad de Don Julio Iztegui. La primera maestra fue la Srta. Luisa Martin. El 17 de agosto de 1927 se inauguró el edificio escolar que contaba a la sazón con dos aulas, una matrícula de 150 alumnos y se dictaban clases hasta 4to grado. Su directora era la Sra. Lola de Pezoa
En 1930 se creó la Cooperadora Escolar siendo su primer presidente el Dr. Mario Parodi.

Club Atlético y Biblioteca Unión Central
Fue fundado el 7 de marzo de 1931 siendo su primer presidente el Sr. Jorge Friedli.

 

– Templo San José
El sábado 23 de julio de 1938 en horas de la tarde tuvo lugar la bendición y colocación de la piedra fundamental de la Iglesia. Donaron el terreno para su construcción los Sres. Velazco Hnos. y el Sr. José Olmedo. Don León Visentín e hijos donaron la campana.
Fue campanero y custodio permanente de la iglesia Don Miguel Jerkovic, quien con su esposa Doña Cata colaboraban con todas las actividades del templo, entre ellas, recibían y atendían,
desinteresadamene, a los sacerdotes en su casa, pues éstos venían a dar misa proveniente de otras localidades, ya que la iglesia no tenía un cura permanente.
El 19 de marzo de 1939 se inauguró solemnemente el templo con una misa de comunión general.
Recordamos que el primer Juez de Paz fue el Sr. Francisco Aris y el primer comisario nombrado oficialmente el Sr. José Conrado Olmedo.
Pasaron muchos años pero al igual que entonces, Saira tiene para brindarte, además de su corazón, la quietud de la siesta, el canto de los pájaros, el ruido de las tormentas, un inmenso cielo diáfano o esplendorosamente estrellado, el silencio que se oye, la solidaridad y el amor de los sairenses.

 

 

 

 

 

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