Médano de las Cañas y Wenceslao Escalante

Córdoba Wenceslao Escalante

por Geraldina del Rosario Caron

 

Allá por 1898, los inicios de una localidad estaban comenzando. Los colonos Miguel Ángel y Francisco Garrone, inmigrantes italianos que llegaron a Argentina buscando la buena fortuna y la prosperidad, fundan la estancia “La Fortuna” y conciben una idea feliz: donan una parcela de sus tierras para fundar un pueblo. Y es así como nace por allá en 1903, Médano de las Cañas, Estación W. Escalante.

En el año 1904, se aprueban los planos del pueblo, donde se construyen dos plazas públicas, el templo, el edificio municipal, la escuela nacional, el cementerio… y así, cada uno de los pliegues de formación de una localidad, revelarán la firmeza de caracteres, la amplitud de corazón y la grandeza de un ideal de estos dos hermanos visionarios.

Cabe destacar que, ya a partir del año 1900, aparecen las primeras viviendas y construcciones destinadas al incipiente comercio que habrían de satisfacer las necesidades primarias de los pobladores. Alentaban la construcción, los trabajos del Ferrocarril Central Argentino que venía desde Firmat, tendiendo las paralelas de acero del progreso con la mira puesta en Río Cuarto.

Con respecto al nombre de nuestro pueblo, Médano de las Cañas, luego de diversas averiguaciones, se llega a la conclusión de que es un nombre toponímico, derivado, posiblemente del de un paso del río situado al sur de la localidad, único lugar apto, en aquella época, para atravesar al mismo y al que llamaban “paso de las cañas”, existiendo en él, cañaverales silvestres y pequeños médanos. En tanto su nombre actual, Wenceslao Escalante y el nombre con el que su estación se fundó, fue inspirado en la figura del Dr. Wenceslao Escalante, un ilustre abogado santafesino comprometido con la patria y propulsor de su ininterrumpido progreso logrando el desarrollo de leyes sobre tierras y el agro en todo el país.

Estas figuras, personas que fueron forjando su historia conjuntamente con la de los demás, asegurando el pensamiento colectivo, la visión de futuro y el adelanto del pueblo, siempre serán recordados por cada una de las generaciones que viven y vivieron en W. Escalante. Los comienzos siempre son paulatinos, pero concretos.
Surgen así las primeras casas que habrían de albergar a aquellos pioneros pobladores. Révola y Salvay construyen las primeras, Clifford, Leach y Compañía fundan la primera casa comercial. Posteriormente Don Miguel Ángel y Francisco Garrone, establecen su almacén de ramos generales, Don Lázaro Lippi abre la primera panadería local y así, varios comercios que van dando forma y cumpliendo necesidades de la localidad.

La mayoría de los habitantes, hijos de la milenaria Italia y criollos de la zona, necesitaban exteriorizar el sentimiento religioso que los animaba, naciendo así las primeras iniciativas de construcción del templo, dictándose la primera misa el 15 de noviembre de 1903 en la casa de la familia de Francisco Garrone.

En 1906, bajo la Ley 4349 de la Pcia. De Córdoba, abre sus puertas la Escuela Nacional Nº 10 bajo la dirección del señor Domingo Sánchez y con una matrícula de noventa y seis alumnos de ambos sexos. El local, estaba ubicado en la esquina de las calles Italia y Córdoba.

Veinticinco años después de la fundación, y con el crecimiento planeado por aquellos visionarios, se contaba con el número de habitantes suficientes como para poder gobernarse políticamente, así, se convocaron en 1927 las primeras elecciones municipales, constituyendo una Unión Comunal con el candidato Francisco W. Garrone, siendo elegido ganador en los comicios y asumiendo como primer intendente electo en el año 1928.

Asumiéndose como una localidad pujante y en desarrollo, no debe dejar de nombrarse al Padre Juan Guirula, quien un 31 de mayo de 1942 llega a nuestro pueblo, sereno, confiado y dispuesto para las grandes realizaciones. Fue un sacerdote ejemplar y un apóstol generoso, preocupándose por la niñez y la juventud de su pueblo. Las instituciones religiosas, se vieron así rejuvenecidas, y la parroquia se convirtió, en el centro de la comunidad.
Participó en toda clase de actividades que organizaran las distintas instituciones locales, y, por su iniciativa, nacieron nuevas instituciones culturales y educativas, como también religiosas a lo que incorporaba a jóvenes de su parroquia. Nacen así el “Hogar de niñas General San Martín”, la Biblioteca Popular Manuel Belgrano y la Juventud de Acción Católica.

Tampoco olvidó a la colonia de la zona, ofreciendo misas de campaña en escuelitas de campo, o bajo una carpa, organizando la fiesta del agricultor, la bendición de las máquinas agrícolas, chacras y sembrados.

 

 

 

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