Idiazábal, un camino a las raíces

Córdoba Idiazábal

por Marta Montivero

¿Por qué desandar un camino a las raíces, sumergiéndonos en el “tiempo sin tiempo” de los orígenes? Por la necesidad de reconocernos en lo heredado. Y uno cobra conciencia de que la memoria ya no es sólo local o familiar sino ligadura, elemento intergeneracional.
Trabajar juntos por la memoria y el recuerdo es también sembrar futuro y esperanza. No se puede saber a dónde vamos si no sabemos de dónde venimos, ni qué fue lo que hicieron los que nos precedieron, para poder continuar su obra.

 

Aborígenes en Nuestra Zona.

Los aborígenes habitaron nuestro territorio y la población de la llanura era importante, pero es difícil demostrarlo porque prácticamente no quedan evidencias arqueológicas, ya que se trata de una zona expuesta a un uso agrícola y ganadero intensivo.
Los recursos que brinda el hábitat, el paso del Arroyo “El Chato” y las lagunas permanentes o transitorias que se forman en la zona y que proporcionan importantes recursos alimenticios, los numerosos instrumentos líticos encontrados y las fuentes escritas y orales, son elementos que justifican la presencia aborigen en nuestra zona.
Idiazábal y sus alrededores, están emplazadas fitogeográficamente en el Distrito del Espinal, definido como “Chaco empobrecido”, con penetración de especies de la Estepa Pampeana, rico en vegetales que brindaban frutos que los aborígenes utilizaron para el consumo, a través de la recolección.
Las orillas del Arroyo El Chato y las numerosas lagunas que se forman en la zona ofrecían abundantes recursos faunísticos que aprovecharon a través de la caza. Sin dudas, la caza era el principal sustento de estos grupos.
Vivieron hace miles de años, sufrieron la influencia de los Araucanos en el siglo XVIII y hace poco más de un siglo fueron dominados definitivamente por Julio A. Roca y el Ejército (1879).

 

 

Fueron los aborígenes quienes designaron esta tierra: el vocablo “pampa” proviene del quechua y significa “lugar llano o plano, gran llanura sin arboleda natural”. Y es así que una denominación netamente geográfica, también sirvió para designar a los habitantes de la misma, desde los primitivos hasta los más modernos.
Generalmente estos aborígenes eran nómades, motivo por el cual no han quedado muchos testimonios de su pasado. Se alimentaban de la caza, la pesca y la recolección, no sabían cultivar la tierra y hasta la introducción del ganado, por obra de los españoles, vivían de la caza de animales salvajes. Con la introducción del caballo, animal traído por los conquistadores y que se reprodujo salvaje y vertiginosamente en estas pampas, éstos aborígenes se convirtieron en jinetes hábiles y sagaces.

A modo de ejemplo citamos el relato de Seymour: “(…) estábamos tranquilamente tomando el desayuno mientras charlábamos, cuando nuestro refrigerio se vio interrumpido por un fuerte grito de Lisada: – “¡Los indios, caramba!”. (…) los tres a un tiempo nos precipitamos rápidamente a la puerta, pudiendo contemplar a la distancia una gran masa de jinetes que avanzaba en dirección nuestra (…) Parecía constar de unos doscientos o trescientos caballos, pero al principio no pudimos discernir si todos ellos estaban montados, ya que nos pareció que muchos venían sueltos, esto es, sin jinete, pero Lisada y Cabrero nos informaron que parte de la indiada iba pegada al costillar de sus cabalgaduras, como acostumbran hacerlo cuando atacan, escondiendo así su verdadero número.”

La piedra fue un elemento de suma importancia. Con ella construían puntas de flechas, morteros, martillos, hachas, cuchillos, boleadoras, bolas arrojadizas o bola perdida, etc. En el relevamiento del material lítico de nuestra zona, nos encontramos con gran cantidad de piezas obtenidas por los particulares de los sitios a los que hacemos referencia, a orillas de las lagunas, del arroyo “El Chato” y en toda esta región cuando se trabaja la tierra
o se excavan aljibes, pozos, etc..

Existen testimonios escritos de estos avances sobre la estancia Las Playas, que en aquel entonces pertenecía a David Alexander Melrose y era mucho más extensa que la que conocemos actualmente, propiedad de la Familia Uranga.

 

“Según fuentes fidedignas, por 1865, “Las Playas” fue víctima de un malón. Los Ranqueles eran pequeños pero fuertes y nervudos, con el pelo negro, caras aplastadas, sin barba ni patillas,bigote ralo y cutis cobrizo. Se cuenta que una tarde cuando la señora de Melrose y sus hijas habían extendido una frazada escocesa sobre el pasto del jardín, y encima de ella dispusieron bandejas con té humeante, scones y budín, una polvareda comenzó a divisarse por el sur. Subió don David a la azotea y gritó: – ¡Indios, son indios!. El ulular de la indiada ya se oía cuando comenzaron a detenerse a causa de los disparos que de la casa provenían, de los modernos rifles “Sniders”, muy eficientes comparados con las viejas carabinas que usaban balas redondas y se cargaban por la boca. Asustados y heridos los aborígenes, ante la defensiva de la familia y su peonada, con armas certeras y potentes, se reagruparon lejos de la casa y emprendieron la retirada. Pero esta no fue definitiva: volvieron a Las Playas una noche y cometieron un gran robo de hacienda”

 

“Estos mismos indios llegaron a Las Playas, a una legua de lo de Casas (que era el comandante Militar del Distrito y residía en la Esquina de Ballesteros, actual Ballesteros Sur) pero les fue mal en el asalto que proyectaban, porque el bravo escocés Melrose
(en ese entonces dueño de la actual estancia “Las Playas” y todas las tierras aledañas) que es su propietario montó a caballo con cinco hombre bien armados y los ahuyentó, recobrando sus vacas…”.

 

 

 

Los primeros establecimientos rurales de la zona.

 

Casa de Demetrio Jaureguialzo en su Estancia de Idiazábal. Se pude observar en la cima las iniciales DJ y el año 1912

 

La presencia del aborigen y del monte del Espinal hicieron de esta, una zona muy difícil a la hora de extender la frontera agrícola. No obstante, durante el siglo XIX, encontramos asentados en la región a los decididos pioneros, aquellos que prepararon el camino a otros y que se aventuraron a poblar estas tierras cercanas a la línea de frontera y expuestas, constantemente, al ataque de los indígenas.

Estos hombres valientes y decididos se aventuraron a poblar estas tierras, en años en que la falta de vías de comunicación y el alejamiento de la provincia de Córdoba del puerto, además de su situación fronteriza hacían que la mayoría de los inmigrantes se instalaran en las provincias del Litoral. Entre los que aquí se establecieron encontramos las estancias “Los Perros”, “La Moderna” y “Las Playas”.

La estancia “Los Perros”, es en la actualidad el Haras General Paz, campo perteneciente al Ejército Argentino, ubicado sobre la ruta provincial número seis entre las localidades de Idiazábal y Ordóñez.

La estancia “La Moderna”era propiedad del Señor Beyrne. Es un establecimiento que data del siglo XIX de menor extensión que “Los Perros” y “Las Playas, pero tan progresista como los otros.

La estancia “Las Playas” tenía una extensión mucho más grande que la que actualmente pertenece a la familia Uranga y su dueño era David Alexander Melrose.

 

Cosecha de trigo en la Colonia Idiazábal .